Cómo afectará la guerra comercial a los mercados.

La guerra comercial que vivimos desde marzo de 2018 entre Estados Unidos y China ha generado una gran incertidumbre respecto al crecimiento y la evolución de los mercados en todo el mundo.

Hay dos motivos principales por los que Trump ha iniciado esta guerra comercial. El primero, derivado de su “America First”, es lograr que las multinacionales estadounidenses vuelvan a producir en su país. Este objetivo es muy complicado de conseguir: estas empresas serían menos eficientes por los altos costes laborales si regresaran. Además, varios estudios han confirmado que las empresas que salen de China como consecuencia de la guerra comercial no vuelven a Estados Unidos. De hecho, ya antes de que comenzara el conflicto se estaba empezando a producir una salida de multinacionales desde China hacia otros países con menores costes laborales, sobre todo Vietnam. La guerra comercial simplemente ha intensificado este movimiento.

El segundo objetivo, y el más importante, es luchar contra la apropiación de la propiedad intelectual por parte de las empresas chinas. Entre otras cosas, éstas llevan décadas presionando a las compañías extranjeras para ceder derechos de propiedad sobre sus tecnologías a cambio de acceso a los mercados. De hecho, en diciembre de 2018 la Unión Europea denunció a China ante la Organización Mundial del Comercio por este motivo. Es probable que la agresividad de Trump en la imposición de aranceles sea simplemente una estrategia para tener más fuerza a la hora de negociar con China  respecto a los derechos de propiedad intelectual.

Si algo podemos decir con bastante certeza de esta guerra comercial, es que va para largo. La de octubre será la ronda de negociaciones número 13 desde que empezó el conflicto, y nadie se cree que vaya a ser la última. Parece claro que no va a haber un acuerdo definitivo este año, y posiblemente tampoco el año que viene. Lo que sí es bastante probable es un acuerdo parcial que consiga alargar la expansión económica. Los datos macroeconómicos en Estados Unidos dejan claro que el ciclo expansivo actual, el más largo de la historia con 11 años de duración, está llegando a su fin. A la administración Trump, viendo que una recesión es perjudicial para sus intereses electorales cara a las elecciones de noviembre de 2020, le interesa llegar a un acuerdo, aunque no sea definitivo. Este acuerdo consistirá probablemente en retrasar la aplicación de los aranceles prevista para diciembre a cambio de que China se comprometa a volver a comprar productos agrícolas estadounidenses. A China  también le interesa este acuerdo, ya que en su economía predomina el sector industrial, mucho más sensible a cuestiones comerciales que el sector servicios, el más importante en Estados Unidos.

De momento los mercados no han descontado los posibles efectos negativos de la guerra comercial, y creo que tardarán en hacerlo. Lo más probable es que veamos ese acuerdo parcial en los próximos meses, que la economía de Estados Unidos siga creciendo el año que viene, y que las bolsas continúen con su inercia positiva. Entonces estaremos a expensas del resultado de las elecciones. Si Trump es reelegido, seguramente retomará con más fuerza las medidas proteccionistas, lo que daría la puntilla al enfriamiento de la economía que estamos viendo ya, y llevaría a una recesión y a una caída fuerte en los mercados. Esta caída no tiene por qué ser como la de 2008, pero sí podría estar en torno al 20-30%. Si gana el candidato demócrata, pondrá fin a la guerra comercial pero probablemente también a las medidas fiscales expansivas de Trump, así que es difícil saber cómo reaccionarán la economía y los mercados tras el resultado. En todo caso, el ciclo económico ha durado mucho y lo normal es que llegue una recesión, con o sin guerra comercial, como muy tarde en 2021.

Todo esto suponiendo que China no recurra a lo que algunos llaman “el botón nuclear de la deuda”: vender agresivamente la ingente cantidad de bonos americanos que atesoran. China es, después de la Reserva Federal y los particulares y empresas estadounidenses, el mayor acreedor de Estados Unidos, con más de un billón de dólares en deuda americana. Esto es casi lo que produce la economía española en un año. Si vendieran esos bonos de forma agresiva subirían los tipos de interés, acelerando la entrada en recesión de la economía estadounidense. En cualquier caso, es muy improbable que los chinos recurran a esto, ya que haría apreciarse al yuan frente al dólar, perjudicando su balanza comercial. Además, esta venta tardaría semanas en completarse, y a medida que fueran realizándola venderían esos bonos a precios cada vez más bajos, lo que les ocasionaría pérdidas de miles de millones de dólares. China sólo tomaría esta medida en caso de un recrudecimiento extremo de la guerra comercial por parte de Estados Unidos, así que en todo caso podríamos verlo después de las elecciones, si las gana Trump.

Ante este panorama de incertidumbre, es recomendable diversificar y no tener todo nuestro patrimonio en bolsa y renta fija. Invertir un porcentaje en fondos de retorno absoluto o market neutral bien diseñados, cuya evolución no tenga que ver con los mercados, hará disminuir mucho el riesgo de nuestra cartera y nos dará tranquilidad.